martes, 9 de febrero de 2010

Restricciones del consumo de tabaco en lugares públicos

La prohibición de fumar en los lugares públicos constituye uno de los instrumentos reguladores más eficaces. Las prohibiciones disminuyen de forma significativa el número de personas expuestas al humo pasivo y, además, pueden reducir el consumo diario de cigarrillos en los fumadores. Las quejas habituales de los propietarios de locales públicos, como hoteles, restaurantes, insta- laciones recreativas, salones de baile y teatros, entre otros, se basan en el argumento de que estas medidas ocasionarán una pérdida de clientes. Ahora bien, si los gobiernos aplican estas medidas de forma global, el impacto negativo de la pérdida de clientes aparecerá sólo en la primera fase, ya que al final las personas se adaptarán a la nueva situación.
La creación de espacios para fumadores es otra posibilidad. La separación de los fumadores de los no fumadores debería ser eficaz para conseguir los efectos beneficiosos deseados, al crear barreras que evitan que los no fumadores inhalen el humo del tabaco. Por tanto, la separación debe ser física y, si el sistema de aire acondicionado utiliza aire reciclado, el aire procedente de las zonas de fumadores no deberá mezclarse con el de las zonas de no fumadores. Por consiguiente, la creación de espacios para fumadores implica gastos de construcción y división en compartimentos, pero podría ser una solución para aquellos que desean ofrecer sus servicios al público fumador.
Aparte de los lugares en los que es obvio que el consumo de tabaco esté prohibido por razones de seguridad, debido a la posibilidad de que se produzca una explosión o un incendio, también deberían existir zonas en las que no se permita el consumo de tabaco aunque no exista esa clase de riesgos para la seguridad, como los centros de asistencia sanitaria, las instala- ciones deportivas, los colegios y las guarderías.