lunes, 20 de abril de 2009

Elección del solar de construcción

La contaminación del aire puede proceder de fuentes que se encuentren cerca o lejos del solar elegido. Es un tipo de contaminación que incluye, principalmente, gases orgánicos e inorgánicos derivados de la combustión —ya sea de automóviles, fábricas o centrales eléctricas próximas al solar— y partículas suspendidas en el aire de origen diverso.
La contaminación del suelo incluye compuestos gaseosos procedentes de materias orgánicas enterradas y de las emanaciones de radón. Tales contaminantes pueden penetrar en el edificio a través de grietas de los materiales de construcción que estén en contacto con el suelo o por migración a través de materiales semipermeables.
La evaluación de los diferentes solares posibles deberá realizarse durante las fases de planificación de la construcción del edificio. Para que la elección del solar sea la más acertada deberán tenerse en cuenta los datos y circunstancias siguientes:
1. Datos que demuestren los niveles de contaminación ambiental en la zona, para evitar fuentes de contaminación alejadas.
2. Análisis de fuentes de contaminación adyacentes o próximas, teniendo en cuenta factores como la cantidad de tráfico rodado y las posibles fuentes de contaminación industrial, comercial o agrícola.
3. Niveles de contaminación en el suelo y en el agua, entre ellos los compuestos orgánicos volátiles o semivolátiles, el gas radón y otros compuestos radiactivos derivados de la desinte-ración del radón. Es una información de gran utilidad si hay que decidir sobre un cambio de solar o si hay que tomar medidas para mitigar la presencia de estos contaminantes en el futuro edificio.
Entre las medidas que pueden tomarse cabe citar el sellado eficaz de los canales de penetración o el diseño de sistemas de ventilación general que aseguren la creación de presión positiva en el futuro edificio.
4. Información sobre el clima y la dirección predominante del viento en la zona, así como sobre las variaciones diarias y estacionales. Son aspectos importantes para decidir la orientación más adecuada del edificio.
Por otra parte, es preciso controlar las fuentes locales de contaminación utilizando diversas técnicas específicas, como el drenaje o limpieza del suelo, su despresurización o la utilización de pantallas arquitectónicas o paisajísticas.

sábado, 18 de abril de 2009

Concentraciones típicas en edificios (I)

Las concentraciones de monóxido de carbono en interiores suelen variar entre 1 y 5 ppm. En la Tabla 44.6 se resumen los resultados de 25 estudios. Las concentraciones aumentan con el humo de tabaco ambiental, aunque es excepcional que superen las 15 ppm.
Las concentraciones de dióxido de nitrógeno en el interior suelen ser de 29 a 46 ppb. Si hay fuentes específicas, como estufas de gas, las concentraciones pueden aumentar significativamente, y el consumo de tabaco puede tener un efecto cuantifi- cable (véase la Tabla 44.6).

viernes, 17 de abril de 2009

Fuentes dentro del edificio: Inter vención del medio ambiente exterior (II)

Los óxidos de nitrógeno proceden de la combustión, y entre sus fuentes más importantes se encuentran los gases de escape de los automóviles, los generadores eléctricos calentados con combustibles fósiles y los calentadores domésticos. El óxido nítrico (NO) es poco tóxico, pero puede oxidarse y producir dióxido de nitrógeno (NO2), en particular en casos de contaminación fotoquímica. Las concentraciones de fondo de dióxido de nitrógeno son de aproximadamente 1 ppb, pero pueden alcanzar las 0,5 ppm en áreas urbanas. El exterior es la principal fuente de dióxido de nitrógeno en los edificios sin aparatos de combustible no ventilados. Como en el caso del dióxido de azufre, la adsorción por las superficies internas reduce la concentración en el interior con respecto a la existente en el exterior.
El ozono se produce en la troposfera por reacciones fotoquí- micas en atmósferas contaminadas y su formación depende de la intensidad de la luz del sol y de la concentración de óxidos de nitrógeno, hidrocarburos reactivos y monóxido de carbono. En lugares remotos, las concentraciones de fondo de ozono son de 10 a 20 ppb y pueden superar las 120 ppb en áreas urbanas durante los meses de verano. Las concentraciones en el interior son significativamente más bajas debido a la reacción con las superficies del interiorya la falta de fuentes potentes.
Se estima que la liberación de monóxido de carbono como resultado de actividades antropogénicas origina el 30 % de la concentración presente en la atmósfera del hemisferio norte. Los niveles de fondo son de aproximadamente 0,19 ppm, y en las áreas urbanas existe un nivel diurno de concentraciones relacio- nado con el uso de vehículos de motor, con niveles máximos por hora que oscilan entre 3 ppm y 50 a 60 ppm. Es una sustancia relativamente no reactiva, por lo que no su concentración no disminuye por reacción o adsorción en las superficies de interiores. Por tanto, al nivel de fondo originado por el aire del exterior hay que añadir las fuentes de interior, como los aparatos de combustible no ventilados.
La relación entre interior y exterior en los compuestos inorgánicos depende del compuesto en cuestión y puede variar con el tiempo. Para los compuestos con fuentes importantes en el interior, como el formaldehído, suelen ser mayores las concentraciones en el interior. En el caso del formaldehído, las concentraciones en el exterior suelen ser inferiores a los
0,005 mg/m3 y las concentraciones en el interior son diez veces mayores que las del exterior. Otros compuestos como el benceno tienen fuentes importantes en el exterior, particularmente los vehículos de motor de gasolina. Entre las fuentes de benceno en el interior está el HTA, que da lugar a concentraciones medias en los edificios del Reino Unido 1,3 veces mayores que las presentes en el exterior. El medio ambiente de interiores no parece ser un medio de eliminación importante de este compuesto, por lo que no protege frente al benceno procedente del exterior.



jueves, 16 de abril de 2009

Fuentes dentro del edificio: Inter vención del medio ambiente exterior

En la Tabla 44.5 se muestran las relaciones interior-exterior típicas para los principales tipos de contaminantes presentes en el aire interior y las concentraciones medias observadas en el aire exterior de áreas urbanas en el Reino Unido. El dióxido de azufre presente en el aire interior procede normalmente del exterior, tanto de fuentes naturales como antropogénicas. La combustión de combustibles fósiles que contienen azufre y la fundición de minerales de azufre son fuentes importantes de dióxido de azufre en la troposfera. Los niveles de fondo son muy bajos (1 ppb), pero en áreas urbanas las concentraciones máximas por hora pueden ser de 0,1 a 0,5 ppm. El dióxido de azufre puede penetrar en un edificio a través del aire utilizado para la ventilación o infiltrarse a través de pequeñas grietas en la estructura del edificio, en función de la hermeticidad del edificio, de las condiciones meteorológicas y de las temperaturas internas. Una vez en el interior, se mezcla y se diluye con el aire interior. El dióxido de azufre que entra en contacto con los materiales del edificio y los muebles es adsorbido, lo cual puede reducir de forma importante la concentración en el interior con respecto a la existente en el exterior, en particular cuando los niveles de dióxido de azufre en el exterior son elevados.

martes, 14 de abril de 2009

Períodos de descanso


En el contexto de la ordenación de la jornada de trabajo, la concesión de unos períodos de descanso suficientes —como las pausas durante la jornada laboral y para las comidas, el descanso diurno o nocturno y el descanso semanales igualmente importante para el bienestar y para la salud y seguridad de los trabajadores.
La aplicación de períodos de descanso está justificada por diversas causas.

domingo, 12 de abril de 2009

Optimización del sistema de turnos (II)

En las Figuras 43.3 y 43.4 se ilustran algunos sistemas de turnos continuos y discontinuos en los que se aplican estas reglas. En la Figura 43.5 se ilustra un sistema de turnos aplicable en un lugar de trabajo con menor flexibilidad. El esquema comprende un total de 128 horas semanales de actividad y una jornada de trabajo media de 37 horas. El sistema consta de un máximo de tres turnos de noche y dos fines de semana largos(la tercera semana, de jueves a domingo; y la quinta y sexta semanas, de sábado a lunes). Se trata de un esquema irregular en el que el sentido de la rotación no es hacia adelante, por lo que resulta menos óptimo. En los sistemas de turnos basados en un total de 120 horas semanales de actividad no se pueden utilizar sistemas de turnos de rotación gradual, como sería el de trabajar desde las 06:00 horas del lunes hasta la misma hora del sábado, con una jornada semanal media de 40 horas.
El sistema de turnos que se ilustra en la Figura 43.6 resulta factible si el personal nocturno se puede reducir. De lunes a viernes trabajan dos equipos en el turno de mañana, dos en el de tarde y únicamente uno en el turno de noche. Esto permite reducir el número de jornadas nocturnas por trabajador en comparación con el sistema tradicional de tres turnos.

sábado, 11 de abril de 2009

Optimización del sistema de turnos (I)


No existe un sistema de turnos “óptimo” y los directivos y trabajadores de cada empresa deben buscar el mejor equilibrio posible entre las exigencias de la empresa y las necesidades de los traba- jadores en la toma de una decisión que, además, debe fundarse en los principios científicos que informan el diseño de los sistemas de turnos. La estrategia de aplicación influye sensiblemente en la aceptación de un nuevo sistema de turnos. Se ha publicado un gran número de manuales y directrices para la implantación de nuevos horarios de trabajo (OIT 1990). Ocurre con demasiada frecuencia que los trabajadores integrados en los turnos no participan suficientemente en las fases de análisis, planificación y diseño de sus turnos.

La solución que se perfila como la más recomendable consiste en un sistema de turnos continuos con una rotación rápida hacia adelante, ocho horas de jornada laboral, algunos fines de semana libres, un mínimo de dos días consecutivos de descanso y evitando toda modificación brusca. Este esquema básico de turnos de trabajo tiene una duración media de 33,6 horas semanales, que quizás no pueda aceptarse universalmente. Si hay que hacer turnos complementarios, el grado de aceptación aumenta si se establece un calendario con una cierta antelación, por ejemplo, a comienzos de año, con objeto de que los trabajadores puedan planificar sus vacaciones. En algunas empresas no se obliga a los trabajadores de mayor edad a hacer turnos complementarios.