domingo, 28 de septiembre de 2008

Empleo de sustancias biológicas con fines epidemiológicos

A efectos descriptivos, la recogida de sustancias biológicas (orina, sangre, tejidos) de miembros de la población expuesta puede proporcionar indicadores de dosis internas, que por definición son más precisos —aunque no los sustituyen totalmente— que los que pueden obtenerse mediante estimaciones de la concentración del contaminante en los distintos componentes del medio ambiente o mediante cuestionarios individuales. En toda evaluación, deberían tenerse en cuenta los posibles sesgos derivados de la falta de representatividad de los miembros de la comunidad de los que se toman las muestras biológicas.
Almacenar muestras biológicas puede ser útil, en una fase posterior, para la realización de estudios epidemiológicos específicos que requieran estimaciones de la dosis interna (o de los efectos precoces) a escala individual. Es vital recoger (y conservar adecuadamente) muestras biológicas inmediatamente después del accidente, y esta práctica debe fomentarse aun en ausencia de hipótesis definidas para su uso. El proceso de autorización informada debe garantizar que el paciente comprende que su material biológico se almacenará para ser utilizado en análisis aún no determinados. A este respecto, es útil excluir determinados análisis (como la identificación de trastornos de la personalidad) del uso de las muestras, al objeto de ofrecer mayor protección al paciente.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Tratamiento contra el veneno: Indicaciones generales para la administración de un antídoto

La administración de un antídoto está indicada cuando existen síntomas de envenenamiento sistémico como los siguientes:
1. anomalías hemostáticas, como hemorragia sistémica espontánea, coagulopatía o trombocitopenia profunda; (50/l  10-9)
2. neurotoxicidad;
3. hipotensión y shock, anomalías del ECG u otras evidencias de disfunción cardiovascular;
4. deterioro de la consciencia por cualquier causa;
5. rabdomiólisis generalizada.

Las evidencias que sugieren un envenenamiento grave son leucocitosis neutrofílica; aumento de enzimas séricas, como lacreatin-quinasa y las aminotransferasas; hemoconcentración; anemia grave; mioglobinuria; metahemoglobinuria; hipoxemia y acidosis.
Si no hay envenenamiento sistémico se administrará un antí-doto si la inflamación local afecta a más de la mitad del miembro que ha sufrido la mordedura, si se han formado ampollas o equimosis en una zona extensa, si hay mordeduras en los dedos o si la inflamación progresa con rapidez, especialmente en pacientes mordidos por especies cuyos venenos se sabe que producen necrosis local (p. ej., vipéridos, cobras asiáticas y cobras escupidoras africanas).

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Tratamiento contra el veneno

La decisión más importante es si debe o no administrarse un antiveneno, ya que éste es el único antídoto específico. En la actualidad se ha demostrado claramente que, en pacientes con envenenamiento grave, los beneficios de este tratamiento compensan con creces el riesgo de reacción al antídoto (véase más adelante).


lunes, 22 de septiembre de 2008

Tratamiento de recompresión: Gases

El gas ideal que debe respirar el paciente durante la recompresión terapéutica tampoco está claramente establecido. Las mezclas de oxígeno y helio pueden ser más eficaces para reducir el tamaño de las burbujas que el aire o el oxígeno al 100 %, aunque están actualmente en proceso de investigación. Se considera, a partir de los estudios in vivo, que la PiO2 ideal es de aproxi- madamente 2 bares de presión absoluta, aunque en los pacientes con lesiones craneoencefálicas, la tensión ideal es inferior a 1,5 bares absolutos. Asimismo, se desconoce la relación entre la dosis de oxígeno y la inhibición de la acumulación de leucocitos polimorfonucleares provocada por las burbujas.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Peligros físicos: Accidentes

La hipoxia ejerce una gran influencia en el sistema nervioso central, reduciendo el tiempo de respuesta y alterando la visión, por lo que es de esperar que produzca un aumento de la incidencia de accidentes. Por encima de 3.000 m, el rendimiento de las personas que efectúan tareas críticas se benefi-ciaría con suplementos de oxígeno.


Tratamiento de recompresión: Presión

La presión ideal a la que debe tratarse la enfermedad por descompresión no está claramente definida, aunque suele optarse convencionalmente por 2,8 bars de presión absoluta (60 fsw;
282 kPa), con un aumento posteriora4y6 bars de presión abso- luta si la respuesta en cuanto a signos y síntomas no es buena. Los experimentos en animales indican que una presión absoluta de
2 bares es una presión de tratamiento tan eficaz como una compresión mayor.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Vasodilatación periférica (I)

La cantidad de calor transferido del núcleo a la periferia depende del flujo sanguíneo periférico (FSP), el gradiente de temperatura entre el centro y la periferia y el calor específico de la sangre (algo inferior a 4 kJ/°C por litro de sangre). En reposo y en un ambiente térmicamente neutro, la piel recibe aproximadamente entre 200 y 500 ml/min de flujo sanguíneo, lo que representa sólo entre un 5 y un 10 % de la sangre total bombeada por el corazón (gasto cardíaco). Debido a la existencia de un gradiente de 4 ºC entre Tc (unos 37 ºC) y Tsk (unos 33 ºC en esas condi- ciones), el calor metabólico producido por el organismo para soportar la vida es transmitido constantemente a la piel por convección para su disipación. Por el contrario, en condiciones de hipertermia severa, como cuando se realiza un trabajo pesado en condiciones de calor, el gradiente térmico del centro a la piel es menor y la transferencia de calor necesaria se consigue con un gran aumento del FSP. En condiciones de estrés máximo por calor, el FSP puede alcanzar entre 7 y 8 l/min, casi la tercera parte del gasto cardíaco (Rowell 1983). El elevado flujo sanguíneo se consigue gracias a lo que se conoce como el “sistema vasodilatador activo”. En la vasodilatación activa intervienen las señales de los nervios simpáticos enviadas del hipotálamo a las arteriolas de la piel, aunque se desconoce cuál es el neurotransmisor que participa en este proceso.
Como ya se mencionó antes, el FSP es el principal responsable del aumento de Tc y, en menor medida, de Tsk• Tc aumenta al iniciarse el trabajo muscular y la producción de calor metabólico y, una vez que se alcanza un cierto umbral de Tc, FSP empieza también a aumentar rápidamente. Tal relación termorregula- dora básica se ve influida por factores no térmicos que constituyen un segundo nivel de control crítico para modificar el FSP cuando la estabilidad cardiovascular global se ve amenazada. Las venas de la piel tienen una gran capacidad de distensión y una parte importante del volumen circulatorio se acumula en estos vasos. De esta forma se facilita el intercambio de calor al hacerse más lenta la circulación por los capilares para aumentar el tiempo de tránsito; sin embargo, esta acumulación, sumada a la pérdida de líquidos producida por la sudoración, puede también reducir la velocidad del retorno de la sangre al corazón. Entre los factores no térmicos cuya influencia en el FSP ha sido demostrada figuran las posturas erguidas, la deshidratación y la respiración con presión positiva (uso de respirador). Actúan a través de los reflejos que se activan cuando la presión de llenado del corazón se reduce y los receptores de la distensión situados en las grandes venas y en la aurícula derecha dejan de ser estimulados; por consiguiente, su efecto es más evidente durante el trabajo aeróbico prolongado en postura erguida. Son reflejos que sirven para mantener la presión arterial y, cuando se realiza un trabajo, para mantener un flujo sanguíneo adecuado a los músculos activos. Por consiguiente, el FSP en un momento dado depende del efecto combinado de las respuestas reflejas termorregula- doras y de otro tipo.