domingo, 30 de noviembre de 2008

Medidas de prevención y control, y necesidades de investigación

La prevención de las muertes y lesiones causadas por las inundaciones puede adoptar muchas formas: identificación de las zonas proclives a inundaciones; advertencia al público de la existencia de dichas zonas y asesoramiento sobre las medidas de prevención adecuadas; inspección de presas y emisión de certificados de seguridad de las mismas; definición de las condiciones meteoroló- gicas que provocan precipitaciones y escorrentías intensas, y alarma inmediata de inundación para una zona geográfica concreta en un espacio de tiempo determinado. La morbilidad y mortalidad derivadas de exposiciones secundarias pueden evitarse garantizando que los suministros de agua y de alimentos sean seguros y no estén contaminados con agentes biológicos y químicos, e implantando unas prácticas apropiadas de evacuación de los residuos humanos. El suelo que rodea los depósitos y las balsas de residuos tóxicos debería someterse a inspecciones para determinar si se ha producido contaminación debido al desbordamiento de zonas de almacenaje (French y Holt 1989). Aunque los programas de vacunación masiva son contraproducentes, los trabajadores sanitarios y de la limpieza deben ser convenientemente inmunizados e instruidos en unas prácticas
higiénicas adecuadas.
Es necesario mejorar la tecnología para que las alarmas de inundación repentina puedan concretarse más en términos de tiempo y lugar. Deberían evaluarse las condiciones para determinar si la evacuación ha de realizarse en coche o a pie. Tras una inundación, es conveniente estudiar una cohorte de trabajadores de sectores relacionados con la inundación para evaluar el riesgo de efectos adversos sobre la salud física y mental.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Factores de morbilidad y mortalidad

Se ha estimado que las inundaciones representan el 40 % de las catástrofes mundiales y producen los daños más graves. La inun- dación más letal conocida en toda la Historia se produjo en el río Amarillo en 1887, cuando el río desbordó diques de una altura de 70 pies, destruyendo once ciudades y trescientos pueblos. Se calcularon 900.000 víctimas mortales. En 1969, el número de muertos se situó en torno a los cientos de miles en la provincia de Shantung, en China, cuando todo el valle del río Amarillo se vio inundado por oleajes tormentosos. En enero de 1967, una inundación repentina en Río de Janeiro causó la muerte a
1.500 personas. En 1974, lluvias intensas inundaron Bangladesh y ocasionaron 2.500 muertos. En 1963, lluvias intensas provocaron un enorme corrimiento de tierras que cayó sobre el lago situado detrás de la presa de Vaiont en el norte de Italia, empujando 100 millones de toneladas de agua sobre la presa y causando 2.075 muertes (Frazier 1979). En 1985, en Puerto Rico cayeron, en un espacio de diez horas, entre 7 y 15 pulgadas de lluvia, ocasionando la muerte a 180 personas (French y Holt 1989).
Las inundaciones fluviales se han controlado gracias a la ingeniería y a una mayor forestación de las vertientes (Frazier 1979). No obstante, en los últimos años se han incrementado las inun- daciones repentinas, que constituyen la primera causa de muertes relacionadas con fenómenos atmosféricos en Estados Unidos. El aumento de las muertes debidas a inundaciones repentinas se atribuye al crecimiento de la población y a la mayor urbanización de zonas muy proclives a este tipo de inundaciones (Mogil, Monro y Groper 1978).
El paso rápido del agua, junto con materiales como rocas y árboles caídos, son la primera causa de morbilidad y mortalidad relacionada con inundaciones. Algunos estudios realizados en Estados Unidos han demostrado que en las inundaciones se registra una elevada proporción de ahogados en coches; se trata de personas que se desplazan en coche hacia zonas bajas o por puentes inundados; se quedan atascadas en zonas de aguas altas o se ven bloqueadas por materiales, quedando atrapadas dentro del coche mientras les alcanzan las corrientes de agua (French y cols. 1983). Algunos estudios de seguimiento de víctimas de inundaciones muestran una pauta consistente de problemas psicológicos hasta cinco años después de la inundación (Melick 1976; Logue 1972). Otros estudios ponen de manifiesto un aumento significativo de la incidencia de hipertensión, afecciones cardiovasculares, linfoma y leucemia en víctimas de inundaciones, que algunos investigadores atribuyen a factores de estrés (Logue y Hansen 1980; Janerich y cols. 1981; Greene 1954). Se produce un mayor potencial de exposición a agentes biológicos y químicos cuando las inundaciones averían los sistemas de depuración de aguas y de evacuación de residuos, rompen depósitos subterráneos, desbordan zonas de residuos tóxicos o favorecen la propagación y dispersión de sustancias químicas almacenadas sobre el nivel del suelo (French y Holt 1989).
Aunque, en general, los trabajadores están expuestos a los mismos riesgos de inundaciones que la población general, algunos grupos profesionales corren mayor peligro. Los trabajadores de la limpieza presentan un alto riesgo de exposición a agentes biológicos y químicos tras inundaciones. Los trabaja- dores subterráneos, en especial los que trabajan en espacios cerrados, pueden verse atrapados en inundaciones repentinas. Los conductores de camiones y otros trabajadores de transportes corren un alto riesgo de mortalidad en vehículos a consecuencia de inundaciones. Como en otras catástrofes relacionadas con el clima, los bomberos, la policía y el personal médico de emergencia se enfrentan también a situaciones de alto riesgo.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Dosis de antídoto

Las recomendaciones de los fabricantes se basan en las pruebas de protección realizadas en ratones y pueden inducir a la confusión. Es preciso realizar ensayos clínicos para establecer las dosis iniciales adecuadas de los principales antídotos. En la mayoría de los casos, la dosis de antídoto es empírica. Los niños reciben la misma dosis que los adultos.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Selección y administración del antídoto

El antídoto debe administrarse sólo si se sabe que su espectro de especificidad incluye a la especie responsable de la mordedura. Las soluciones opacas deben descartarse, ya que la precipitación de proteína indica pérdida de actividad y mayor riesgo de reac- ción. Los antídotos monoespecíficos (monovalentes) son ideales cuando se conoce la especie responsable de la mordedura. Los antídotos poliespecíficos (polivalentes) se utilizan en muchos países, ya que es difícil identificar a la serpiente responsable; pueden ser tan eficaces como los monoespecíficos, pero su acti- vidad neutralizante del veneno es menos específica por unidad de peso de inmunoglobulina. Aparte de los venenos utilizados para la inmunización de los animales de los que se obtiene el antídoto, otros venenos pueden contrarrestarse mediante neutralización paraespecífica [p. ej., los venenos de los Hidrofidios se neutralizan con antídoto para la serpiente tigre (Notechis scutatus)].
El antídoto está indicado mientras persistan los síntomas de envenenamiento sistémico (es decir, durante varios días), pero lo ideal es administrarlo tan pronto como aparecen estos síntomas. La vía intravenosa es la más eficaz. La infusión de antídoto diluido en aproximadamente 5 ml de líquido isotónico/kg de peso corporal es más fácil de controlar que la inyección intrave- nosa “a presión” de antídoto sin diluir y administrado a una velocidad aproximada de 4 ml/min, aunque no se han obser- vado diferencias en la incidencia o gravedad de las reacciones al antídoto con estos dos métodos de administración.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Contraindicaciones del antídoto

Los pacientes con antecedentes de reacción al antisuero equino sufren reacciones más frecuentes y graves cuando reciben antídoto equino. Las personas con atopia no presentan un mayor riesgo de reacción, pero cuando ésta se produce, suele revestir una mayor gravedad. En tal caso puede prevenirse o reducirse con un tratamiento previo de adrenalina, antihistamina e hidrocortisona por vía subcutánea, o infusión intravenosa continua de adrenalina durante la administración del antídoto. No se reco- mienda una rápida desensibilización.

martes, 25 de noviembre de 2008

Reincorporación al trabajo hiperbárico

Afortunadamente, la mayoría de los trabajadores hiperbáricos pueden reintegrarse a su trabajo después de un episodio de enfermedad por descompresión. La incorporación debe retrasarse al menos durante un mes para permitir que las funciones fisiológicas vuelvan a la normalidad y no se recomienda si el trabajador ha sufrido un barotrauma pulmonar o tiene un historial de barotrauma grave o recurrente del oído interno. La reincorporación al trabajo también debe depender de:
• la gravedad de la enfermedad por descompresión en rela- ción con el grado de exposición hiperbárica o estrés de descompresión;
• la respuesta al tratamiento,
• la ausencia de secuelas.

FINAL DE PRESION BAROMETRICA AUMENTO

lunes, 24 de noviembre de 2008

Resultados

El resultado del tratamiento de recompresión para las enfermedades por descompresión depende completamente del grupo estudiado. La mayoría de los trabajadores hiperbáricos (por ejemplo, los buzos militares o de las plataformas petrolíferas) responden bien al tratamiento, y los déficits residuales significativos no son frecuentes. En cambio, muchas de las personas que practican el submarinismo recreativo y que deben recibir trata- miento para los trastornos por descompresión muestran peores resultados. Se desconocen las causas de esta diferencia. Las secuelas más comunes de la enfermedad por descompresión son, en orden decreciente de frecuencia: trastornos depresivos, problemas de memoria a corto plazo, síntomas sensoriales como insensibilidad, dificultad para orinar, disfunción sexual y dolores no identificados.