Los buzos y las personas que trabajan en entornos de aire comprimido deben conocer los síntomas iniciales de intoxica- ción por monóxido de carbono, entre los que están las cefaleas, las náuseas, el mareo y la debilidad. Es importante asegurarse de que la entrada del compresor esté situada siempre contra el viento, para evitar la entrada de gases del tubo de escape del motor. Esta posición debe comprobarse continuamente cada vez que cambie la dirección del viento o la posición de la nave. Durante muchos años, se pensó que el monóxido de carbono se mezclaba con la hemoglobina del organismo y daba lugar a la carboxihemoglobina, cuyo efecto letal se debía al bloqueo del transporte de oxígeno a los tejidos. En estudios posteriores se ha observado que, aunque ese efecto produce hipoxia tisular, no resulta fatal por sí mismo. El daño más grave es a nivel celular, debido a la toxicidad directa de la molécula de monóxido de carbono. La peroxidación de los lípidos de la membrana celular, que sólo puede detenerse con un tratamiento de oxígeno hiperbárico, parece ser la causa principal de la muerte y de las secuelas a largo plazo.
Temas
- CALIDAD DEL AIRE INTERIOR
- CALOR Y FRIO
- CONTROL AMBIENTAL EN INTERIORES
- CONTROL DE LA CONTAMINACION AMBIENTAL
- DESASTRES NATURALES Y TECNOLOGICOS
- ELECTRICIDAD
- HORAS DE TRABAJO
- ILUMINACION
- INCENDIOS
- POLITICA EN MATERIA DE MEDIO AMBIENTE
- PRESION BAROMETRICA AUMENTO
- PRESION BAROMETRICA REDUCCION
- PREVENCION DE ACCIDENTES
- RADIACIONES IONIZANTES
- RADIACIONES NO IONIZANTES
- RIESGOS BIOLOGICOS
- RUIDO
- VIBRACIONES
- VIOLENCIA
viernes, 15 de junio de 2007
Monóxido de carbono
Los buzos y las personas que trabajan en entornos de aire comprimido deben conocer los síntomas iniciales de intoxica- ción por monóxido de carbono, entre los que están las cefaleas, las náuseas, el mareo y la debilidad. Es importante asegurarse de que la entrada del compresor esté situada siempre contra el viento, para evitar la entrada de gases del tubo de escape del motor. Esta posición debe comprobarse continuamente cada vez que cambie la dirección del viento o la posición de la nave. Durante muchos años, se pensó que el monóxido de carbono se mezclaba con la hemoglobina del organismo y daba lugar a la carboxihemoglobina, cuyo efecto letal se debía al bloqueo del transporte de oxígeno a los tejidos. En estudios posteriores se ha observado que, aunque ese efecto produce hipoxia tisular, no resulta fatal por sí mismo. El daño más grave es a nivel celular, debido a la toxicidad directa de la molécula de monóxido de carbono. La peroxidación de los lípidos de la membrana celular, que sólo puede detenerse con un tratamiento de oxígeno hiperbárico, parece ser la causa principal de la muerte y de las secuelas a largo plazo.
martes, 12 de junio de 2007
Existen tres fuentes principales de este tipo de microbios:
1. los que aparecen como consecuencia de la descomposición biológica de sustratos asociados a ciertas profesiones (p. ej., el heno molido que causa neumonitis por hipersensibilidad);
2. los que se asocian a ciertos tipos de hábitats (p. ej., bacterias presentes en las redes de abastecimiento de agua),
3. los que proceden de individuos que hospedan a un agente patógeno (p. ej., tuberculosis).
El aire ambiental puede estar contaminado o transportar niveles importantes de microorganismos potencialmente nocivos (Burrell 1991). Los edificios modernos, sobre todo los diseñados para fines comerciales y administrativos, constituyen un nicho ecológico único, con un medio ambiente, una fauna y una flora propios (Sterling y cols. 1991).
El agua constituye un importante vehículo para la transmisión de infecciones extraintestinales. A través del contacto con el agua, ya sea por motivos profesionales, recreativos o incluso terapéuticos, se pueden contraer una serie de organismos pató- genos (Pitlik y cols. 1987). La naturaleza de las enfermedades no entéricas transmitidas a través del agua suele depender de la ecología de los agentes patógenos acuáticos. Hay dos tipos básicos de infecciones: superficiales, que afectan a mucosas y zonas de la piel previamente dañadas o intactas; y sistémicas, que son infecciones con frecuencia graves que pueden ocurrir cuando el sistema inmunológico está deprimido. Una gran variedad de organismos acuáticos, entre ellos los virus, las bacte- rias, los hongos, las algas y los parásitos, pueden invadir al huésped a través de vías extraintestinales, como la conjuntiva, la mucosa respiratoria, la piel y los genitales.
domingo, 10 de junio de 2007
CATASTROFES Y ACCIDENTES (III)
1993. Aunque las agencias valoran la gravedad de las catástrofes atendiendo al número de víctimas mortales, cada vez es más importante observar también el número de afectados. En todo el mundo, el número de personas afectadas por las catástrofes es casi mil veces mayor que el de víctimas mortales; para muchas de estas personas, la supervivencia después de la catástrofe es cada vez es más difícil, lo que las hace más vulnerables a nuevas desgracias. Se trata de una cuestión importante no sólo en lo que se refiere a las catástrofes naturales (Tabla 39.2), sino también en las de origen humano (Tabla 39.3, página 39.5), especialmente tratándose de accidentes químicos, cuyos efectos sobre las víctimas pueden manifestarse años y hasta décadas después (Bertazzi 1989).
El problema de la vulnerabilidad humana ante las catástrofes es crucial para las estrategias de prevención.
La sequía, las hambrunas y las inundaciones siguen afectando a muchas más personas que ningún otro tipo de catástrofe. Desde luego, los vientos fuertes (ciclones, huracanes y tifones) causan, proporcionalmente, más muertes que las hambrunas y las inundaciones con respecto al conjunto de la población afectada; por su parte, los terremotos, que son las catástrofes más repentinas, siguen mostrando el mayor índice de víctimas mortales entre la población afectada (Tabla 39.4, página 39.5). Los accidentes tecnológicos afectaron a más personas que los incendios
sábado, 9 de junio de 2007
Toxicidad por oxígeno (II)
La susceptibilidad a las convulsiones varía considerablemente de un individuo a otro, y de un día a otro en el mismo individuo. De ahí la práctica inutilidad de los ensayos de “tolerancia al oxígeno”. La administración de fármacos anticonvulsivos, como el fenobarbital o la fenitoína, evita las convulsiones por oxígeno, pero no reduce la lesión cerebral o de médula o espinal perma- nente cuando se exceden los límites de presión o de tiempo.
viernes, 8 de junio de 2007
CATASTROFES Y ACCIDENTES (II)
Se han elaborado y revisado muchas definiciones y clasificaciones de las catástrofes (Grisham 1986; Lechat 1990; Logue, Melick y Hansen 1981; Weiss y Clarkson 1986). A título de ejemplo, mencionaremos tres de ellas: los Centros para el Control de Enfermedades [Centers for Disease Control
(CDC 1989)] de Estados Unidos determinaron tres categorías principales de catástrofes: sucesos geológicos, como terremotos y erupciones volcánicas; trastornos climáticos, como huracanes, tornados, olas de calor, gotas frías o inundaciones; y, por último,
problemas de origen humano, como hambrunas, contaminación atmosférica, catástrofes industriales, incendios e incidentes generados por reactores nucleares. Otra clasificación, basada en las causas (Parrish, Falk y Melius 1987), distingue entre catástrofes naturales, como los sucesos climáticos y geológicos, y las catástrofes de origen humano, que se definen como sucesos arti- ficiales, tecnológicos e intencionados, perpetuados por las personas (como el transporte, los conflictos armados, los incendios y explosiones, y los escapes químicos y radiactivos). Una tercera clasificación (Tabla 39.1), elaborada por el Centro para la Investigación de la Epidemiología de Catástrofes de Lovaina, Bélgica, se basa en una estructura de investigación creada por la Oficina de Coordinación de las Naciones Unidas para el Socorro en Catástrofes en 1991 y fue publicada en World Disaster Report 1993 (IFRCRCS 1993).
jueves, 7 de junio de 2007
Microorganismos
Son muy pocas las regiones de nuestro planeta que carecen de vida microbiana, porque los microorganismos presentan una gama asombrosa de capacidades metabólicas y energéticas que les permiten sobrevivir en condiciones letales para otras formas de vida.
Las cuatro grandes clases de microorganismos que pueden interactuar con los seres humanos son las bacterias, los hongos, los virus y los protozoos. Representan un peligro para los traba- jadores por su amplia distribución en el medio ambiente de trabajo. Los microorganismos más importantes en términos de riesgo profesional se indican en las Tablas 38.2 y 38.3.
miércoles, 6 de junio de 2007
Evolución (factores que se oponen al aumento de la ventilación (I)
No obstante, inmediatamente después del ascenso a una gran altura suele aumentar la ventilación, aunque debe transcurrir cierto tiempo para que alcance su máximo valor. Al llegar a una determinada altitud, la mayor actividad de los centros carotídeos hace que la ventilación aumente y, de este modo, se eleva la presión de oxígeno en la sangre arterial hasta el valor que tenía

