domingo, 14 de febrero de 2010

Protección contra la humedad

El principal medio de control consiste en reducir la humedad de los cimientos del edificio, donde es frecuente que se desarrollen y propaguen microorganismos, especialmente hongos.
La deshumidificación de la zona y la presurización del suelo pueden evitar la aparición de agentes biológicos, así como la penetración de los contaminantes químicos que pueda haber en el suelo.
Otra medida que hay que considerar es el sellado y control de las áreas cerradas del edificio más susceptibles a la humedad del aire, ya que la humedad puede dañar los materiales utilizados en los revestimientos del edificio, con lo que dichos materiales pueden convertirse en una fuente de contaminación microbiológica.

sábado, 13 de febrero de 2010

Ventanas

Durante los últimos años se ha invertido la tendencia observada en los decenios de 1970 y 1980, y actualmente existe propensión
a incluir ventanas practicables en los nuevos proyectos arquitectónicos. Lo cual comporta varias ventajas. Una de ellas es la posibilidad de obtener ventilación suplementaria en las zonas que lo necesiten (se supone que son pocas), siempre y cuando el sistema de ventilación disponga de sensores para prevenir desequilibrios en dichas áreas. Hay que tener en cuenta que la posibilidad de abrir una ventana no siempre garantiza la entrada de aire fresco en el edificio; si el sistema de ventilación está presurizado, no se conseguirá más ventilación por abrir una ventana. Otras ventajas son de carácter meramente psicosocial, ya que permiten que los ocupantes tengan un cierto grado de control individual sobre su entorno y acceso visual directo al exterior.

viernes, 12 de febrero de 2010

Aberturas del edificio


La planificación del lugar que van a ocupar esas aberturas y su orientación son medidas de control eficaces durante el diseño del edificio, a fin de minimizar la cantidad de contaminación que penetre en él procedente de fuentes de contaminación previamente detectadas. Es conveniente tener en cuenta lo siguiente:

• Las aberturas deben quedar alejadas de las fuentes de contami- nación y no encontrarse en la dirección predominante del viento. Si las aberturas están próximas a salidas de humos o escapes, será preciso planificar el sistema de ventilación de modo que se produzca una presión de aire positiva en esa zona, a fin de evitar el retorno del aire evacuado, tal como puede verse en la Figura 45.2.
• Es preciso tener especial cuidado de asegurar el drenaje y evitar las filtraciones en los puntos de contacto del edificio con el suelo, en los cimientos, en las superficies embaldosadas, en los lugares donde estén ubicados los conductos y el sistema de desagüe y en otros puntos.

• Los accesos a muelles de carga y garajes deben construirse lejos de los puntos normales de entrada de aire al edificio así como de las entradas principales.

jueves, 11 de febrero de 2010

Mayor presión económica contra el tabaco

Otro de los instrumentos reguladores en los que confían los gobiernos para frenar el consumo de tabaco es la elevación de los impuestos, sobre todo de los cigarrillos. Es una política encami- nada a disminuir el consumo de tabaco, que justificaría la relación inversa entre el precio del tabaco y su consumo, y que puede determinarse comparando la situación en diferentes países. La medida se considera eficaz cuando la población está advertida de los peligros del consumo de tabaco y aconsejada acerca de la necesidad de dejar de fumar. Un aumento en el precio del tabaco puede ser un motivo para dejar de fumar. Con todo, esta política tiene muchos detractores, cuyas críticas se basan en argu- mentos que se comentan brevemente a continuación.
En primer lugar, según muchos especialistas, el aumento del precio del tabaco por razones fiscales va seguido de una reducción temporal del consumo de tabaco, tras lo cual se produce una vuelta gradual a los niveles de consumo previos a medida que los fumadores se acostumbran al nuevo precio. En otras palabras, los fumadores asimilan un aumento en el precio del tabaco de la misma manera que la gente se acostumbra a otros impuestos o a la subida del coste de la vida.
En segundo lugar, también se ha observado un cambio en los hábitos de los fumadores, quienes, al subir los precios, tienden a buscar marcas más baratas de menor calidad que probablemente supongan también un riesgo mayor para su salud (porque carecen de filtro o porque tienen cantidades más elevadas de alquitrán y nicotina). Tal cambio podría llegar a inducir a los fumadores a hacerse sus propios cigarrillos, lo que eliminaría por completo cualquier posibilidad de controlar el problema.

En tercer lugar, muchos expertos opinan que las medidas de este tipo tienden a afianzar la creencia de que el gobierno acepta el tabaco y su consumo como otra manera más de recaudar impuestos, lo que conduce a la idea contradictoria de que lo que el gobierno pretende en realidad es que la gente fume para poder recaudar más dinero con los impuestos especiales sobre el tabaco.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Restricción del consumo de tabaco en el trabajo

Las restricciones del consumo de tabaco en el lugar de trabajo también podrían ser consideradas a la vista de lo citado anterior- mente. Los gobiernos y los propietarios de negocios, junto con los sindicatos, pueden elaborar programas para reducir el consumo de tabaco en el trabajo cuyas campañas suelen tener éxito.
Siempre que sea posible, se recomienda crear zonas de no fumadores a fin de establecer una política contra el consumo de tabaco y apoyar a los que defienden el derecho a no ser fuma- dores pasivos. En caso de conflicto entre un fumador y un no fumador, las normativas siempre deben permitir que prevalezca el no fumador, y cuando no puedan estar separados se deberá exigir al fumador que se abstenga de fumar en el puesto de trabajo.
Además de los lugares en los que debe prohibirse el consumo de tabaco por razones de salud o de seguridad, tampoco debe ignorarse en otras áreas la posible sinergia entre los efectos de la contaminación química en el lugar de trabajo y el humo del tabaco. El peso de tales consideraciones dará lugar, sin duda, a una notable ampliación de las restricciones del consumo de tabaco, sobre todo en los lugares de trabajo industriales.

martes, 9 de febrero de 2010

Restricciones del consumo de tabaco en lugares públicos

La prohibición de fumar en los lugares públicos constituye uno de los instrumentos reguladores más eficaces. Las prohibiciones disminuyen de forma significativa el número de personas expuestas al humo pasivo y, además, pueden reducir el consumo diario de cigarrillos en los fumadores. Las quejas habituales de los propietarios de locales públicos, como hoteles, restaurantes, insta- laciones recreativas, salones de baile y teatros, entre otros, se basan en el argumento de que estas medidas ocasionarán una pérdida de clientes. Ahora bien, si los gobiernos aplican estas medidas de forma global, el impacto negativo de la pérdida de clientes aparecerá sólo en la primera fase, ya que al final las personas se adaptarán a la nueva situación.
La creación de espacios para fumadores es otra posibilidad. La separación de los fumadores de los no fumadores debería ser eficaz para conseguir los efectos beneficiosos deseados, al crear barreras que evitan que los no fumadores inhalen el humo del tabaco. Por tanto, la separación debe ser física y, si el sistema de aire acondicionado utiliza aire reciclado, el aire procedente de las zonas de fumadores no deberá mezclarse con el de las zonas de no fumadores. Por consiguiente, la creación de espacios para fumadores implica gastos de construcción y división en compartimentos, pero podría ser una solución para aquellos que desean ofrecer sus servicios al público fumador.
Aparte de los lugares en los que es obvio que el consumo de tabaco esté prohibido por razones de seguridad, debido a la posibilidad de que se produzca una explosión o un incendio, también deberían existir zonas en las que no se permita el consumo de tabaco aunque no exista esa clase de riesgos para la seguridad, como los centros de asistencia sanitaria, las instala- ciones deportivas, los colegios y las guarderías.

lunes, 8 de febrero de 2010

Modificación de las prácticas de trabajo

El objetivo común de la modificación de las prácticas de trabajo es reducir la exposición ponderada en el tiempo al estrés por calor hasta unos límites aceptables. Para ello, debe reducirse la carga de trabajo físico impuesta al trabajador o programar unos descansos adecuados para que pueda recuperarse térmicamente. En la práctica, la producción máxima de calor metabólico ponderada en el tiempo se limita a 350 W (5 kcal/min), ya que un trabajo más duro produce cansancio físico y exige largos períodos de descanso.


Los niveles de esfuerzo individual pueden reducirse limitando el trabajo externo, como la elevación de pesos, y reduciendo la tensión muscular motora y estática, como la asociada a una postura forzada. Son objetivos que pueden alcanzarse optimizando el diseño de las tareas de acuerdo con los principios ergo- nómicos, proporcionando ayudas mecánicas o dividiendo el esfuerzo físico entre un mayor número de trabajadores.
La forma más sencilla de modificar las prácticas de trabajo es permitir que cada persona trabaje a su propio ritmo. Los trabaja- dores que realizan una tarea con la que están familiarizados en un clima normal se regularán a sí mismos para trabajar a un ritmo que produzca una temperatura rectal de unos 38 °C. El estrés térmico hace que voluntariamente reduzcan el ritmo de trabajo o descansen cada cierto tiempo. Tal capacidad de adap- tación voluntaria del ritmo de trabajo depende probablemente de la consciencia de fatiga y estrés cardiovascular. Los seres humanos no pueden detectar conscientemente las elevaciones en la temperatura corporal interna; por ello se basan en la tempera- tura y la humedad de la piel para evaluar el malestar térmico. Otra alternativa para modificar las prácticas de trabajo consiste en imponer unos ciclos obligatorios de trabajo y descanso. La empresa especifica la duración de los períodos de trabajo, la duración de los períodos de descanso y el número de veces que este ciclo tiene que repetirse. La recuperación térmica requiere mucho más tiempo que el necesario para reducir la velocidad respiratoria y la frecuencia cardíaca aumentadas por el trabajo. La reducción de la temperatura interna a los mismos niveles que en reposo exige entre 30 y 40 minutos de descanso en un ambiente fresco y seco, o más tiempo si la persona debe descansar en un lugar caluroso o con las prendas protectoras puestas. Si la empresa necesita mantener un nivel constante de producción, tendrá que asignar varios equipos de trabajadores para que trabajen por turnos y puedan recuperarse, exigiendo dicha recuperación un descanso o la realización de tareas seden- tarias en un lugar fresco.