miércoles, 25 de marzo de 2009

Medidas de protección (III)

El cable transportador es el método con más garantías de éxito, y al mismo tiempo el más seguro. Con la ayuda de un pequeño funicular especial, el cable transportador de dinamita, la carga explosiva se transporta en una cuerda enrollada hasta el punto de voladura en la zona cubierta de nieve donde quiere provocarse la avalancha. Con un adecuado control de la cuerda
y con la ayuda de señales e indicadores, es posible conducir la carga con exactitud hasta los puntos que la experiencia señala como más eficaces y hacer que explote directamente sobre ellos. Los mejores resultados se consiguen cuando la carga se detona a la altura adecuada por encima de la cubierta de nieve. Dado que el cable transportador discurre a mayor altura sobre el nivel del suelo, es necesario utilizar mecanismos de descenso. La carga explosiva cuelga de una cuerda enrollada alrededor del meca- nismo de descenso. La carga se baja hasta la altura adecuada sobre el punto elegido accionando un motor que desenrolla la cuerda. La utilización del cable transportador de dinamita permite llevar a cabo la voladura desde una posición segura, incluso con escasa visibilidad, de día o de noche.
Por los buenos resultados obtenidos y su coste relativamente bajo, este método de desencadenar avalanchas se utiliza mucho en toda la zona alpina; en la mayor parte de los países alpinos se requiere un permiso para el funcionamiento de los cables trans- portadores de dinamita. En 1988, tuvo lugar un intercambio intensivo de experiencias en este ámbito entre fabricantes, usua- rios y representantes de la administración de las zonas alpinas de Austria, Baviera y Suiza. La información reunida se ha recogido, de forma abreviada, en publicaciones informativas y normativas vinculantes. Básicamente, se trata de normas técnicas de segu- ridad para equipos e instalaciones, e instrucciones para realizar con seguridad estas operaciones. Al preparar la carga explosiva y poner en funcionamiento el equipo, los trabajadores encar- gados de la voladura deben contar con la mayor libertad de movimientos posible en torno a los diversos controles y aparatos del cable transportador. Debe haber vías de acceso a pie seguras
y fácilmente accesibles, para que los trabajadores puedan abandonar el lugar con rapidez en caso de emergencia. También deben existir vías de acceso seguras hasta los soportes y estaciones del cable transportador. Para asegurar las explosiones, deben utilizarse dos mechas y dos detonadores por carga.
Un segundo método para la producción de avalanchas artifi- ciales, utilizado con frecuencia en el pasado, es la voladura manual. En este caso, el técnico en explosivos tiene que trepar hasta la zona de la cubierta de nieve en que se va a desenca- denar la avalancha. La carga explosiva puede colocarse en estacas clavadas en la nieve, pero por lo general se lanza ladera abajo hacia un punto señalado por experiencia como especial- mente efectivo. Normalmente, es imperativo que los ayudantes aseguren al técnico mediante una cuerda durante toda la opera- ción. Claro está que, por muy cuidadosamente que se proceda, no puede eliminarse del todo el peligro de caídas o de encontrar avalanchas en el camino al punto de voladura, dado que estas actividades suelen requerir largos ascensos, a veces en condiciones climáticas desfavorables. Debido a estos peligros, este método, que también debe cumplir unas normas de seguridad, raras veces se utiliza en nuestros días.


Durante muchos años, en los Alpes y otras zonas se ha practi- cado un tercer método, el uso de helicópteros para desencadenar avalanchas. Por el peligro que corren los que van a bordo, en la mayoría de los países alpinos y otros países montañosos sólo se recurre a este procedimiento cuando es urgente para eliminar un peligro grave, cuando no pueden utilizarse otros procedi- mientos o cuando utilizarlos representaría un riesgo aún mayor. Debido a la particular situación legal que crea el uso de vehí- culos aéreos para tales propósitos y a los riesgos que ello implica, en los países alpinos se han elaborado directrices concretas sobre el desencadenamiento de avalanchas desde helicópteros con la colaboración de las autoridades de aviación, de las instituciones
y autoridades responsables de la salud en el trabajo y de especialistas en este terreno. Dichas directrices contemplan no sólo las leyes y normativas sobre explosivos y las disposiciones de segu- ridad, sino también las cualificaciones físicas y técnicas de las personas encargadas de tales operaciones.
Las avalanchas se desencadenan desde helicópteros ya sea bajando la carga con una cuerda y detonándola sobre la cubierta de nieve o dejándola caer con la mecha ya encendida. Deben emplearse helicópteros especialmente adaptados y provistos de una autorización para realizar tales operaciones. Para proceder con seguridad, debe haber una estricta división de responsabilidades entre el piloto y el técnico de explosivos. La carga debe prepararse correctamente y la longitud de la mecha se seleccionará dependiendo de que ésta vaya a ser bajada o lanzada. Por seguridad, deben utilizarse dos detonadores y dos mechas, como en los otros métodos. Por regla general, cada carga contiene de 5 a 10 kg de explosivo. Pueden bajarse varias cargas o dejarse caer una tras otra en un solo vuelo. Las detona- ciones deben observarse visualmente, para comprobar que ninguna de ellas ha fallado.
Todos estos procesos de voladura requieren el uso de explo- sivos especiales, eficaces en condiciones de frío e insensibles a influencias mecánicas. Las personas encargadas de llevar a cabo estas operaciones deben estar especialmente cualificadas para ello y contar con la experiencia necesaria.
Las medidas de protección temporales y permanentes contra avalanchas se diseñaron originalmente para zonas de aplicación claramente diferentes. Las costosas barreras permanentes se destinaban sobre todo a proteger pueblos y construcciones, en especial contra avalanchas graves. En un principio, las medidas de protección temporales se limitaban casi exclusivamente a proteger carreteras, estaciones de esquí e instalaciones que podían cerrarse con facilidad. En la actualidad, se tiende a aplicar una combinación de los dos métodos. Para elaborar un programa de seguridad eficaz para una zona determinada, es necesario analizar la situación en detalle y determinar qué método ofrece la mayor protección posible.

martes, 24 de marzo de 2009

Medidas de protección (II)

A diferencia de las barreras, las medidas temporales reducen el peligro durante un período de tiempo. La idea es desencadenar avalanchas por medios artificiales. Las masas de nieve amenazadoras se eliminan de la zona potencial de avalanchas provocando artificialmente y bajo control, en momentos opor- tunos y predeterminados, varias avalanchas pequeñas. Así se aumenta considerablemente la estabilidad de la cubierta de nieve que queda en el lugar de la avalancha y se reduce el riesgo de avalanchas más peligrosas, al menos durante un período de tiempo limitado, cuando la amenaza de avalanchas es muy alta. Ahora bien, la magnitud de las avalanchas artificiales no puede determinarse previamente con exactitud. Por tanto, para correr el menor riesgo posible de accidentes mientras se están llevando a cabo estas medidas temporales, es necesario evacuar, aislar y comprobar toda la zona que va a verse afectada por la avalancha artificial, desde su punto de partida hasta su detención final.
Las posibles aplicaciones de estos dos métodos de prevención del peligro son fundamentalmente diferentes. En general, es mejor utilizar métodos permanentes para proteger zonas imposi- bles o difíciles de evacuar o de aislar, o en las que los asenta- mientos o bosques podrían peligrar incluso con avalanchas controladas. Por otro lado, las carreteras, las pistas de esquí y las laderas de esquí, que son fáciles de aislar durante cortos espacios de tiempo, son típicos ejemplos de zonas en las que pueden aplicarse medidas de protección temporales.
Los distintos métodos de desencadenar avalanchas artificiales incluyen operaciones que a su vez plantean determinados riesgos y, sobre todo, requieren medidas de protección para las personas encargadas de esta tarea. Lo esencial es provocar rupturas iniciales mediante temblores artificiales (voladuras). Estos reducen la estabilidad de la cubierta de nieve lo suficiente para producir un deslizamiento de la misma.
Las voladuras son especialmente adecuadas para liberar avalanchas en laderas empinadas. Normalmente, es posible extraer pequeñas cantidades de nieve a intervalos y evitar así la producción de avalanchas graves, que se arrastran a gran distancia y pueden ser extremadamente destructivas. Con todo, es esencial que las operaciones de voladura sean llevadas a cabo en cualquier momento del día y en todo tipo de climas, y esto no es siempre posible. Los métodos para producir avalanchas por medio de voladuras varían considerablemente dependiendo del medio utilizado para llegar a la zona en que va a tener lugar la voladura.
Las zonas en que es probable que se inicien avalanchas pueden ser bombardeadas con granadas o cohetes desde posiciones de seguridad, pero este sistema sólo tiene éxito (es decir, produce la avalancha) entre el 20 y el 30 % de los casos, pues resulta prácticamente imposible determinar y alcanzar con exac- titud los objetivos más efectivos a cierta distancia, y también porque la cubierta de nieve absorbe el choque de la explosión. Además, puede ocurrir que las granadas no estallen.
Las voladuras con explosivos comerciales directamente en la zona en que es probable que se inicien avalanchas suelen tener más éxito. Los métodos más efectivos consisten en llevar el explosivo por medio de estacas o cables a la parte del terreno nevado en que va a desencadenarse la avalancha, y detonarlo a una altura de 1,5a3m por encima de la cubierta de nieve.

Aparte de detonar granadas en las laderas, se han desarrollado tres métodos diferentes para llevar el explosivo de producción artificial de avalanchas al punto real en que se quiere iniciar la avalancha:

• cable transportador de dinamita
• voladura manual
• arrojar o bajar la carga explosiva desde helicópteros.

lunes, 23 de marzo de 2009

Medidas de protección (I)

Se han desarrollado y probado en todo el mundo diversos métodos de protección contra las avalanchas, desde los servicios transfronterizos de alarma y las barreras hasta la provocación de las mismas mediante explosiones o disparando armas de fuego en la nieve.
La estabilidad de la cubierta de nieve está básicamente determinada por la relación entre tensión mecánica y densidad. Su estabilidad puede variar considerablemente dependiendo del tipo de tensión (por ejemplo presión, tensión, resistencia al corte) en una misma zona geográfica (en qué parte del terreno puede comenzar una avalancha). Los perfiles, el sol, los vientos, la temperatura y las pequeñas anomalías en la estructura de la cubierta de nieve —a causa de rocas, esquiadores, máquinas quitanieves u otros vehículos— pueden también afectar a su estabilidad. Por lo tanto, la estabilidad puede verse reducida por intervenciones locales deliberadas como voladuras o aumentada por la instalación de soportes o barreras adicionales. Estas medidas, que pueden ser de naturaleza permanente o temporal, son los dos principales métodos de protección contra avalanchas. Las medidas permanentes incluyen estructuras eficaces y duraderas, barreras de apoyo en las zonas de inicio de avalan- chas, barreras de desviación o frenado en la trayectoria de las mismas, y barreras de bloqueo en la zona de salida. El objetivo de las medidas temporales de protección es asegurar y estabilizar las áreas en que pueden iniciarse avalanchas, desencadenando deliberadamente avalanchas pequeñas y limitadas para eliminar cantidades peligrosas de nieve en algunas zonas.
Las barreras de apoyo aumentan artificialmente la estabilidad de la cubierta de nieve en zonas de avalancha potencial. Las barreras de arrastre, que impiden que el viento arrastre más nieve a la zona de avalancha, pueden reforzar el efecto de las barreras de apoyo. Las barreras de desviación y frenado en el camino de la avalancha y las de bloqueo en el área de salida pueden desviar o aminorar la velocidad de la masa descendente de nieve y acortar la distancia de derrame frente al área prote- gida. Las barreras de apoyo son estructuras fijadas al suelo, más
o menos perpendiculares a la ladera, que oponen una resistencia suficiente a la masa de nieve descendente. Deben formar soportes que lleguen hasta la superficie de la nieve. Las barreras de apoyo suelen organizarse en varias filas y cubren toda la zona desde la cual, en determinadas condiciones climáticas, podrían formarse avalanchas que amenazasen la localidad protegida. Son necesarios años de observación y medición de la nieve en la zona para determinar correctamente la colocación, estructura y dimensiones de las barreras, que además deben contar con un determinado grado de permeabilidad, para permitir que las avalanchas menores y los corrimientos superficiales de tierras atraviesen varias filas de barreras sin causar daños. Si la permea- bilidad no es suficiente, existe el peligro de que la nieve se apile tras las barreras y que posteriores avalanchas se deslicen sobre ellas sin impedimento alguno, arrastrando a su paso mayores masas de nieve.

jueves, 12 de marzo de 2009

Medidas de control ambiental en interiores

La experiencia demuestra que la mayoría de los problemas de los ambientes interiores son consecuencia de decisiones tomadas durante el diseño y la construcción del edificio. Aunque estos problemas pueden resolverse más adelante tomando medidas correctivas, hay que señalar que es más eficaz y rentable prevenir y corregir las deficiencias durante el diseño del edificio.
La gran variedad de las posibles fuentes de contaminación determina la multiplicidad de las medidas correctivas que pueden tomarse para mantenerlas bajo control. En el diseño de un edificio intervienen profesionales de diversos campos, como arquitectos, ingenieros, interioristas y otros. Por consiguiente, en esta fase es importante tener en cuenta los diferentes factores que contribuyen a eliminar o minimizar los problemas que pueden surgir en el futuro a causa de la mala calidad del aire. Los factores que es preciso considerar son:
• la elección del solar;
• el diseño arquitectónico;
• la elección de los materiales,
• los sistemas de ventilación y aire acondicionado utilizados para controlar la calidad del aire en interiores.

miércoles, 11 de marzo de 2009

CONTROL AMBIENTAL EN INTERIO

No es difícil explicar qué fue lo que provocó las quejas: se construyen edificios cada vez más herméticos, se reduce el volumen de aire de ventilación, se utilizan más productos y materiales para aislar los edificios térmicamente, se multiplica y diversifica el número de productos químicos y materiales sintéticos utilizados y gradualmente se pierde el control individual del ambiente. Todo ello se traduce en un ambiente interior cada vez más contaminado.
Es entonces cuando los ocupantes de los edificios cuyo ambiente se ha degradado reaccionan, en su mayor parte, quejándose del ambiente en el que viven y presentando síntomas clínicos. Los síntomas más frecuentes son la irritación de las membranas mucosas (ojos, nariz y garganta), dolores de cabeza, insuficiencias respiratorias y una mayor incidencia de resfriados, alergias y demás.
A la hora de definir las posibles causas de tales quejas, la aparente sencillez de esta tarea se convierte en complejidad cuando se intenta establecer una relación causa-efecto. En este caso, es preciso considerar todos los factores (ya sean ambientales o de otro tipo) y su relación con las quejas o los problemas de salud que han aparecido.
La conclusión (después de muchos años de estudiar la cues- tión) es que estos problemas tienen muy diversas causas. Son excepciones aquellos casos en los que se ha establecido claramente la relación causa-efecto, como en el caso del brote de legionelosis, por ejemplo, o los problemas de irritación o de incremento de la sensibilidad debidos a la exposición al formal- dehído.
El fenómeno recibe el nombre de síndrome del edificio enfermo y se define como los síntomas que afectan a los ocupantes de un edificio en el que las quejas derivadas de malestares físicos son más frecuentes de lo que podría esperarse razonablemente.
En la Tabla 45.1 se presentan algunos ejemplos de contami- nantes y las fuentes de emisiones más comunes que pueden asociarse con una disminución de la calidad del aire en interiores.
Además de la calidad del aire interior, que resulta afectada por contaminantes químicos y biológicos, el síndrome del edificio enfermo se atribuye a muchos otros factores. Algunos son físicos, como el calor, el ruido y la iluminación; otros son psicosociales, entre los cuales destacan la organización del trabajo, las relaciones laborales, el ritmo de trabajo y la carga de trabajo.
El aire interior desempeña un papel muy importante en el síndrome del edificio enfermo y, por consiguiente, controlar su calidad puede contribuir, en la mayoría de los casos, a rectificar o mejorar las condiciones que dan lugar a la aparición del síndrome. Con todo, conviene recordar que la calidad del aire no es el único factor que hay que considerar a la hora de evaluar ambientes interiores.



lunes, 9 de marzo de 2009

CONTROL AMBIENTAL EN INTERIORES: PRINCIPIOS GENERALES


Las personas que viven en áreas urbanas pasan entre el 80 y el 90 % de su tiempo realizando actividades sedentarias en espacios interiores, tanto durante el trabajo como durante el tiempo de ocio (véase la Figura 45.1).
Este hecho ha llevado a la creación de ambientes interiores más confortables y homogéneos que los exteriores, sujetos a condiciones climáticas variables. Para ello, ha sido necesario acondicionar el aire de estos espacios, calentándolo en invierno y enfriándolo en verano.
Para que el sistema de acondicionamiento fuera eficaz y rentable, había que controlar el aire que entraba en los edificios desde el exterior, cuyas características térmicas eran contrarias a las deseadas. Ello se tradujo en edificios cada vez más herméticos y en un control más riguroso de la cantidad de aire exte riior utilizada para renovar las atmósferas interiores más
viciadas.
Con la crisis energética de principios del decenio de 1970 —y la consiguiente necesidad de ahorrar energía— cambió la situación, se redujo drásticamente el volumen de aire exterior utilizado para ventilación. Lo que se hacía entonces era reciclar muchas veces el aire del edificio. Por supuesto, el objetivo era reducir el coste del acondicionamiento del aire. Pero comenzó a ocurrir otra cosa: aumentó considerablemente el número de quejas, molestias y problemas de salud de los ocupantes de los edificios. Lo cual, a su vez, repercutió en los costes sociales y financieros debidos al absentismo y llevó a los especialistas a estudiar el origen de las quejas que, hasta entonces, se pensaban ajenas a la contaminación.

domingo, 8 de marzo de 2009

Fuentes dentro del edificio: Productos de consumo y otras fuentes de contaminación interior

La diversidad y número de productos de consumo y domésticos varía constantemente, y sus emisiones químicas dependen de cómo se utilizan. Entre los productos que pueden influir en los niveles de COV en el interior se encuentran los aerosoles, los artí- culos de higiene personal, los disolventes, los adhesivos y las pinturas. En la Tabla 44.4 se muestran los principales compo- nentes químicos presentes en varios productos de consumo.
Otros COV se han asociado a otras fuentes. El cloroformo se introduce en el aire interior principalmente a consecuencia de la dispensación o calentamiento de agua corriente. Las copiadoras de proceso líquido liberan isodecanos al aire. Está muy exten- dido el uso de insecticidas para combatir las cucarachas, las termitas, las pulgas, las moscas, las hormigas y los ácaros, y se encuentran en forma de pulverizadores, nebulizadores, polvos, tiras impregnadas, cebos y collares para animales. Algunos de los compuestos son diazinón, paradiclorobenceno, pentacloro- fenol, clordano, malatión, naftaleno y aldrín. También son fuentes de contaminación los ocupantes de la oficina (dióxido de carbono y olores), los materiales de oficina (COV y ozono), los mohos (COV, amoníaco, dióxido de carbono), la tierra contami- nada (metano, COV), los depuradores de aire eléctricos y los generadores de iones negativos (ozono).