En los sistemas CVAA (Nathanson 1993), debe evitarse la acumulación de agua estancada, por ejemplo, en las bandejas de drenaje o debajo de los serpentines de refrigeración. En los casos en los que los sistemas CVAA contienen mechas o tanques de agua calentados para la humidificación, es necesario limpiarlos y desinfectarlos de forma periódica para limitar el crecimiento microbiano. La humidificación por vapor seco probablemente reduce en gran medida el riesgo de crecimiento microbiano. Los filtros deben sustituirse periódicamente debido a que pueden acumular suciedad y humedad y, por tanto, proporcionar sitios de cultivo para el crecimiento microbiano. Los microorganismos también crecen en el aislamiento acústico poroso utilizado para revestir conductos, si éste se humedece. La solución es aplicar el aislamiento al exterior y no al interior; las superficies internas deben ser lisas y no deben proporcionar un medio ambiente que favorezca el crecimiento. Tales medidas de control generales controlarán el crecimiento de Legionella en sistemas CVAA, pero se han recomendado otras medidas, como la instalación de un filtro de aire particulado de alta eficacia (HEPA) en la entrada de aire (Feeley 1988). Además, los sistemas de agua deben asegurar que el agua se caliente de manera uniforme a 60 C, que no hay áreas en las que se estanque el agua y que ningún accesorio contiene materiales que favorezcan el crecimiento de Legionella.
En los casos en los que las medidas de control han sido insuficientes y se ha producido el crecimiento de moho, es necesario tomar medidas de corrección. Es fundamental eliminar y desechar todos los materiales orgánicos porosos, como alfombras y otros elementos de decoración blandos, tejas y material de aislamiento, en los que exista crecimiento. Las superficies lisas deben lavarse con lejía de hipoclorito sódico o un desinfectante apropiado. No deben utilizarse biocidas que puedan convertirse en aerosoles en los sistemas CVAA.
Durante las medidas de corrección, debe tenerse cuidado siempre de no aerosolizar los microorganismos presentes sobre o en materiales contaminados. En los casos de grandes áreas de crecimiento de mohos (10 metros cuadrados o más) puede ser necesario contener el riesgo potencial, manteniendo una presión negativa en el área de contención durante la corrección y dispo- niendo áreas de bloqueo/descontaminación del aire entre el área de contención y el resto del edificio (Morey 1993a, 1993b; Departamento de Salud de la ciudad de Nueva York 1993). El polvo presente antes de la eliminación del material contami- nado en contenedores herméticos o generados durante este procedimiento deben recogerse utilizando una aspiradora con un filtro APAE. Durante su trabajo, el personal especialista en corrección debe llevar protección respiratoria APAE facial total y ropa, calzas y guantes protectores desechables (Departamento de Salud de la ciudad de Nueva York 1993). En los casos de áreas más pequeñas de crecimientos de mohos, puede utilizarse el personal de mantenimiento habitual después de una prepara- ción adecuada. En tales casos, no se considera necesaria la contención, pero el personal debe llevar protección respiratoria completa y guantes. En todos los casos, deberá informarse del peligro a los ocupantes habituales y al personal que va a llevar a cabo la corrección. El personal no debe padecer asma, alergia ni trastornos inmunosupresores (Departamento de Salud de la ciudad de Nueva York 1993).
Temas
- CALIDAD DEL AIRE INTERIOR
- CALOR Y FRIO
- CONTROL AMBIENTAL EN INTERIORES
- CONTROL DE LA CONTAMINACION AMBIENTAL
- DESASTRES NATURALES Y TECNOLOGICOS
- ELECTRICIDAD
- HORAS DE TRABAJO
- ILUMINACION
- INCENDIOS
- POLITICA EN MATERIA DE MEDIO AMBIENTE
- PRESION BAROMETRICA AUMENTO
- PRESION BAROMETRICA REDUCCION
- PREVENCION DE ACCIDENTES
- RADIACIONES IONIZANTES
- RADIACIONES NO IONIZANTES
- RIESGOS BIOLOGICOS
- RUIDO
- VIBRACIONES
- VIOLENCIA
domingo, 12 de mayo de 2013
sábado, 11 de mayo de 2013
Control de los microorganismos en ambientes de interior (I)
El determinante fundamental del crecimiento microbiano y la producción de células y esporas que pueden convertirse en aero- soles en ambientes de interior es el agua, y el control debe conseguirse reduciendo la posibilidad de humedad en lugar de utilizar biocidas. El control requiere un mantenimiento apropiado y una reparación adecuada del edificio, lo que incluye un secado rápido y la eliminación de las causas de escapes e inundaciones (Morey 1993a). Aunque a menudo se cita el mantenimiento de la humedad relativa de las habitaciones a un nivel inferior al 70 % como medida de control, ésta sólo es eficaz si la temperatura de las paredes y de otras superficies está próxima a la temperatura del aire. En la superficie de las paredes con escaso aislamiento, la temperatura puede estar por debajo del punto de condensación,
por lo que se desarrolla condensación y crecen hongos hidrófilos e incluso bacterias (Flannigan 1993). Una situación similar puede producirse en climas tropicales o subtropicales húmedos en los que la humedad del aire que penetra la cubierta de un edificio con aire acondicionado se condensa en la superficie interna del refrigerador (Morey 1993b). En estos casos, el control depende del diseño y del uso correcto de las barreras de aisla- miento y del vapor. Junto con rigurosas medidas de control de la humedad, los programas de mantenimiento y limpieza deben asegurar la eliminación del polvo y otros productos de desecho que proporcionan nutrientes para el crecimiento y que actúan como reservorios de microorganismos.
por lo que se desarrolla condensación y crecen hongos hidrófilos e incluso bacterias (Flannigan 1993). Una situación similar puede producirse en climas tropicales o subtropicales húmedos en los que la humedad del aire que penetra la cubierta de un edificio con aire acondicionado se condensa en la superficie interna del refrigerador (Morey 1993b). En estos casos, el control depende del diseño y del uso correcto de las barreras de aisla- miento y del vapor. Junto con rigurosas medidas de control de la humedad, los programas de mantenimiento y limpieza deben asegurar la eliminación del polvo y otros productos de desecho que proporcionan nutrientes para el crecimiento y que actúan como reservorios de microorganismos.
viernes, 10 de mayo de 2013
Normas y directrices (II)
Aunque organismos influyentes, como el Comité de Aerosoles Biológicos de la ACGIH, no han establecido directrices numé- ricas, una guía canadiense sobre los edificios de oficinas (Nathanson 1993), basado en unos cinco años de investigación de aproximadamente 50 edificios del gobierno federal con aire acondicionado, incluye algunas orientaciones sobre estos valores.
Entre los principales puntos se encuentran los siguientes:
1. La flora del aire “normal” debe ser cuantitativamente inferior, pero cualitativamente similar, a la del aire atmosférico.
2. La presencia de una o más especies de hongos a niveles significativos en las muestras de aire interior pero no en las muestras del exterior indica la existencia de un cultivo en el interior.
3. Los hongos patógenos como Aspergillus fumigatus, Histoplasma y Cryptococcus no deben estar presentes en cantidades importantes.
4. La persistencia de los mohos tóxicos como Stachybotrys atra y Aspergillus versicolor en una cantidad significativa requiere una investigación y emprender acciones.
5. Un valor superior a 50 unidades de formación de colonias por metro cúbico (UFC/m3) puede ser preocupante si sólo existe una especie (diferente a los hongos comunes de exterior que habitan en las hojas); un valor de hasta 150 CFU/m3 es aceptable si las especies presentes reflejan la flora del exterior; un valor de hasta 500 CFU/m3 es aceptable en verano si los hongos de exterior que habitan en las hojas son el principal componente.
Tales valores numéricos se basan en muestras de aire de cuatro minutos recogidas con un muestreador centrífugo Reuter. Debe destacarse el hecho de que estos valores no pueden trasla- darse a otros procedimientos de muestreo, a otros tipos de edifi- cios o a otras regiones climáticas o geográficas. La norma o lo que es aceptable sólo puede basarse en investigaciones extensas de un tipo de edificios en una región concreta utilizando proce- dimientos bien definidos. No se pueden establecer valores límite umbral para la exposición a los mohos en general ni a una especie en particular.
Entre los principales puntos se encuentran los siguientes:
1. La flora del aire “normal” debe ser cuantitativamente inferior, pero cualitativamente similar, a la del aire atmosférico.
2. La presencia de una o más especies de hongos a niveles significativos en las muestras de aire interior pero no en las muestras del exterior indica la existencia de un cultivo en el interior.
3. Los hongos patógenos como Aspergillus fumigatus, Histoplasma y Cryptococcus no deben estar presentes en cantidades importantes.
4. La persistencia de los mohos tóxicos como Stachybotrys atra y Aspergillus versicolor en una cantidad significativa requiere una investigación y emprender acciones.
5. Un valor superior a 50 unidades de formación de colonias por metro cúbico (UFC/m3) puede ser preocupante si sólo existe una especie (diferente a los hongos comunes de exterior que habitan en las hojas); un valor de hasta 150 CFU/m3 es aceptable si las especies presentes reflejan la flora del exterior; un valor de hasta 500 CFU/m3 es aceptable en verano si los hongos de exterior que habitan en las hojas son el principal componente.
Tales valores numéricos se basan en muestras de aire de cuatro minutos recogidas con un muestreador centrífugo Reuter. Debe destacarse el hecho de que estos valores no pueden trasla- darse a otros procedimientos de muestreo, a otros tipos de edifi- cios o a otras regiones climáticas o geográficas. La norma o lo que es aceptable sólo puede basarse en investigaciones extensas de un tipo de edificios en una región concreta utilizando proce- dimientos bien definidos. No se pueden establecer valores límite umbral para la exposición a los mohos en general ni a una especie en particular.
jueves, 9 de mayo de 2013
Normas y directrices (I)
Aunque algunas organizaciones han clasificado los niveles de contaminación del aire interior y del polvo (Tabla 44.16), debido a los problemas con los muestreadores de aire ha habido una resistencia justificable a definir patrones numéricos o valores normativos. Se ha observado que la carga microbiana de transmisión aérea en los edificios con sistemas de aire acondicio- nado deben ser claramente inferiores a las presentes en el aire atmosférico, mientras que las diferencias entre los edificios con ventilación natural y el aire atmosférico son menores. La ACGIH (1989) recomienda utilizar el orden de rango de las especies de hongos en el aire interior y atmosférico para interpretar los datos del muestreo del aire. La presencia o preponderancia de algunos mohos en el aire interior, pero no en el aire atmosférico, podría ser indicio de un problema en el interior de un edificio. Por ejemplo, la abundancia de mohos hidrófilos como Stachybotrys atra en el aire interior indica casi siempre un lugar muy húmedo de cultivo dentro de un edificio.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Naturaleza del aislamiento proporcionado por la ropa
La transferencia de calor a través de la ropa o, al contrario, el aislamiento que proporcionan las prendas de vestir, depende en gran medida de que el aire quede atrapado en y sobre la ropa. La ropa consiste, como primera aproximación, en cualquier tipo de material que atrape capas de aire. Es una definición aproximada porque algunas de las propiedades de los materiales son importantes, como la construcción mecánica de los tejidos(por ejemplo, resistencia al viento y capacidad de las fibras para soportar tejidos gruesos) y las propiedades intrínsecas de las fibras (por ejemplo, absorción y reflexión de calor radiante, absorción de vapor de agua, transpiración del sudor). Para ambientes no demasiado extremos suelen sobrestimarse las ventajas de algunos tipos de fibras.
martes, 7 de mayo de 2013
INTERCAMBIO DE CALOR A TRAVES DE LA ROPA
Para poder sobrevivir y trabajar en condiciones más calurosas o más frías, debe crearse un clima cálido en la superficie de la piel por medio de la ropa y el calentamiento o enfriamiento artificial. Para poder diseñar las prendas más eficaces para el trabajo a temperaturas extremas, tienen que conocerse los mecanismos de intercambio de calor a través de la ropa.
lunes, 6 de mayo de 2013
Evaluación de ambientes calurosos utilizando las normas ISO (II)
Puede observarse que durante parte del trabajo, los valores WBGT sobrepasan los valores de referencia, por lo que se concluye que es necesario realizar un análisis más detallado.
El método analítico de evaluación que se describe en ISO 7933 se aplicó utilizando los datos que aparecen en la Tabla 42.11 y el programa informático citado en el anexo de la norma. En la Tabla 42.12 se muestran los resultados corres- pondientes a los trabajadores aclimatados en términos de nivel de alarma.
Por consiguiente, una evaluación global permite predecir que los trabajadores no aclimatados, pero con capacidad física para el trabajo, podrían realizar un turno de 8 horas sin sufrir un estrés fisiológico (térmico) inaceptable. Si se precisa una mayor exactitud, o si es necesario evaluar a trabajadores individuales, las normas ISO 8996 e ISO 9920 proporcionan información más detallada sobre la producción de calor metabólico y el aisla- miento de la ropa.
La norma ISO 9886 describe métodos para medir el estrés fisiológico de los trabajadores y puede utilizarse para diseñar y evaluar ambientes de trabajadores específicos. La temperatura cutánea media, la temperatura interna del organismo, la frecuencia cardíaca y la pérdida de masa son relevantes en este ejemplo. ISO CD 12894 proporciona directrices para la supervisión médica de una investigación.
El método analítico de evaluación que se describe en ISO 7933 se aplicó utilizando los datos que aparecen en la Tabla 42.11 y el programa informático citado en el anexo de la norma. En la Tabla 42.12 se muestran los resultados corres- pondientes a los trabajadores aclimatados en términos de nivel de alarma.
Por consiguiente, una evaluación global permite predecir que los trabajadores no aclimatados, pero con capacidad física para el trabajo, podrían realizar un turno de 8 horas sin sufrir un estrés fisiológico (térmico) inaceptable. Si se precisa una mayor exactitud, o si es necesario evaluar a trabajadores individuales, las normas ISO 8996 e ISO 9920 proporcionan información más detallada sobre la producción de calor metabólico y el aisla- miento de la ropa.
La norma ISO 9886 describe métodos para medir el estrés fisiológico de los trabajadores y puede utilizarse para diseñar y evaluar ambientes de trabajadores específicos. La temperatura cutánea media, la temperatura interna del organismo, la frecuencia cardíaca y la pérdida de masa son relevantes en este ejemplo. ISO CD 12894 proporciona directrices para la supervisión médica de una investigación.
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